El estado civil de una persona puede influir, en
determinadas circunstancias, a la hora de conducir.
Por ejemplo, una persona soltera, sin cargas ni
compromisos familiares, puede asumir mas riesgos ante un
adelantamiento en carretera de doble sentido que una persona casada y
con hijos menores que, en muchas ocasiones, van en los asientos de
atrás.
Esto no significa que todos los solteros sean
imprudentes, ni que todos los casados sean ''almas cándidas'', sino
que, estadísticamente, está demostrado que es un factor que influye en
el riesgo.
Las aseguradoras suelen tener dos tarifas distintas,
una para las personas casadas, y otras para las solteras. Las personas
divorciadas/separadas y viudas pueden estar en uno u otro grupo de
riesgo, dependiendo de la compañía, así como las parejas ''de hecho''.
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